Las Momias rodantes

Las Momias rodantes
Las Momias rodantes

Por Sandra Valle

La Habana: Benditos almendrones!!!

Odiosos, pero queridos, detestables, pero necesarios. Una mezcla raramente compatible, pero comprensible, es el caso de los llamados almendrones o automóviles de antaño que aún circulan en Cuba, en especial en La Habana, y sin los cuales, pese a las críticas, sería una quimera trasladarse de manera rápida por la capital.

Identificables a lo lejos por sus carrocerías de viejos modelos de fabricación norteamericana, en su mayoría, de Chevrolet, Ford, Buick y Dodge, aparecen en la vía sus majestades dominando en su casi totalidad el transporte ligero.

El servicio que ofrecen como taxis en rutas preconcebidas por las principales arterias capitalinas no es el ideal, pero resuelve, admite Luisa, una cuentapropista que puede darse el lujo de utilizarlo para sus recorridos diarios después de perder las esperanzas con el transporte público que sólo los más pacientes o necesitados usan en La Habana.

Los almendrones se trasladan como flechas por las vías. En su mayoría, desprenden un fuerte olor a combustible y los boteros que los manejan agreden con su alto reguetón los oídos de sus pasajeros. Pero es lo que hay, lamenta un joven que después de varios minutos esperando un P1 (autobús para pasajeros) opta por la opción de los carros de diez pesos cubanos como también se les conoce. Pero,… víctimas o protagonistas de la conocida ley de oferta y demanda, los choferes de tales vehículos no se conforman ya con cobrar lo que para muchos es casi un día de haber y pretenden duplicar el precio si les parece larga la trayectoria y también por el horario, aunque sí es muy corta como suele ser en algunos casos (de solo unas cuadras) la tarifa es inamovible.

Pepe, un chofer que cubre la ruta Parque Central (Habana Vieja)-Línea (Plaza)-3ra (Playa) hasta la rotonda o paradero de Playa, en ese municipio, admite que ellos juegan con todo. Prefieren al que monta por tramos cortos, y así pueden cobrar más cantidad de dinero en igual trayectoria. El petróleo es caro y los precios de la comida están altos. Todo sube y nosotros tenemos que hacer lo mismo, argumenta el joven chofer del almendrón pintado de un escandaloso color rojo. Resulta muy costoso mantener un taxi, coinciden varios de los choferes de estos automóviles de los años 40 y 50 y hasta de la década de los 30.

Amén de todos los contratiempos sigue siendo rentable para los cuentapropistas que por las calles capitalinas conducen momias rodantes que contaminan el ambiente pero hacen posible un traslado rápido de un punto a otro de la Habana. Cálculos recientes sitúan en más de 4 mil novecientos la cantidad de boteros en la capital (choferes de taxis privados), que diariamente trasladan a unos 175 000 pasajeros.

Muchos de los automóviles que hoy circulan por la capital del país son demasiado viejos y se rompen con bastante frecuencia y hay que pagar considerables sumas de dinero en el arreglo de batería, en bomba de frenos, el disco de cloche o las banda de frenos. Eso y otras muchas razones hacen que el trayecto de unos meses atrás por 10 pesos en moneda nacional en muchos casos actualmente es por 20.

Ahora los boteros compiten con los precios de los agromercados cubanos. Tema para otro análisis.

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