Se terminó el juego, Trump ganó

Donald Trump-Cuba

La victoria del republicano Donald Trump en las presidenciales del martes en Estados Unidos ha disparado las alarmas en muchos países y estremecido a no pocas fuerzas políticas y sociales en todo el mundo. Este multimillonario de 70 años, nacido en Queens, Nueva York, y poseedor de una fortuna calculada en varios miles de millones de dólares, es lo que se denomina un hombre pragmático.

Ubicado a la derecha del espectro político, carga con un reconocido expediente de acciones especulativas en sectores del espectáculo, el turismo, el inmobiliario y la construcción. Quien será el presidente número 45 de Estados Unidos ha demostrado que el fin deseado, conseguido a cualquier precio, es la coronación de todo esfuerzo.

Algunos apuntes de sus opiniones preelectorales dibujan al nuevo jefe de la Casa Blanca como enemigo de los tratados de libre comercio, la inmigración, las alianzas económicas con socios débiles, el aborto, los matrimonios gays y de los planes de beneficios en Salud Pública y Educación.

¿Cuánto de lo que dijo durante su campaña presidencial cumplirá Trump? Solo el tiempo podrá develarlo, pero lo cierto es que a partir del 20 de enero, fecha de su asunción, termina el juego mediático de palabras y poses que hasta ahora lo hizo odiado o admirado por distintas fuerzas sociales en el país.

Trump no será el presidente que se oponga al establishment. Las fuerzas que dominan el juego político en la nación más poderosa del mundo, volverán a dictar las reglas y atemperarán la fogosidad del magnate inmobiliario a los planes geopolíticos del imperio.

De modo que con su firma y color, pero sin cambios radicales, Trump será absorbido por la mecánica imperial, que aún en sus estadios finales, tiene aún la fuerza para seguir imponiendo la misma estrategia de dominación conocida por todos.

Para los cubanos no parece haber muchos cambios. Difícilmente el nuevo gobierno eche por tierra lo construido por Obama, pese a contar en el congreso con numerosos partidarios de la marcha atrás en las políticas de acercamiento a La Habana.

Los elementos que han conducido y mantenido hasta el presente las relaciones cubano -estadounidenses no tienen doble lectura. Estados Unidos los seguirá alimentando en el entendido de que obtendrán más como buenos vecinos del David Caribeño que enfrentándolo con hostilidad y violencia.

Por Richard Adnisel

Se terminó el juego, Trump ganó
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