Un oficio de todos los tiempos

Un oficio de todos los tiempos

 

Por Verónica Martínez

El oficio de barbero, uno de los más antiguos en la historia de la humanidad,  no escapa en Cuba a la actual y popular modalidad de trabajo por cuenta propia.

Si bien por los años 70-80 del siglo pasado coexistían barberos vinculados laboralmente al Estado junto a los que ejercían por sus propios medios, desde los 90 en adelante, esta última modalidad de empleo ganó más adeptos, a raíz de los tiempos difíciles del llamado Periodo Especial, en los que escaseaban no solo los alimentos y los producto de aseo personal, sino también los soportes de muchas profesiones y oficios. En el caso de los barberos, se volvía difícil conseguir en el mercado las necesarias tijeras, peines, cepillos, toallas, jabón, lociones, cuchillas de afeitar, de usos tan frecuentes para el ejercicio del oficio.

De ahí que los especialistas en estética masculina, con sus propios instrumentos y mucha imaginación, salieran de sus locales habituales de trabajo para atraer la “clientela” hacia sus propias casas o pequeños espacios alquilados para ese fin. Casi todos habían adquirido un título, amén de la práctica que tanto requiere el oficio para llegar a ser competente.

En la actualidad, para adquirir una licencia de barbero por cuenta propia no se necesita presentar ningún diploma que acredite estudios. Solo se exige ser mayor de edad y abonar 220 pesos cada mes.

Según refiere un profesional de experiencia en este oficio: “… cualquiera puede decir que es barbero; legalmente sacas el permiso y te pones a pelar …muchos jóvenes con habilidades pero con pocos conocimientos, desean ganar dinero y aprenden a realizar los pelados de moda, que tanto usan los adolescentes y jóvenes, por los cuales se cobra bastante caro, por cierto…”

Un oficio de todos los tiempos

Una visita a la antigua barbería estatal “El Fígaro”, situada en la esquina de San Nicolás y Virtudes, muy cerca de la zona comercial de Centro Habana, permitió obtener testimonios de personas que se dedican al oficio y alquilan un espacio del estado para trabajar.

Giraldo Varela, con una experiencia de 25 años, comenzó por afición, pero se graduó en una escuela de capacitación. Su clientela está compuesta por varias generaciones de varones de diferentes familias. Considera que  la cantidad de dinero que paga por la licencia es justa, en comparación con las ganancias que le reporta el trabajo.

Cada pelado simple cuesta 1 cuc o peso cubano convertible (equivalente a 25 pesos cubano). Su compañero, también con diploma de barbero y maestro en esa especialidad, considera que la modalidad de trabajo individual le permite mayor libertad, en cuanto a horarios, iniciativas y capacidad personal.

“Tanto como trabajas, tanto ganas”, es su divisa. El Máster en belleza, desde hace 16 años, Yunier García, pudiera ofrecer un servicio más completo al cliente si ese local tuviera todas las condiciones materiales. “Por suerte –señala- ya hemos acordado mejorar las condiciones del local. Entre todos pagaremos los arreglos con nuestras ganancias”.

Un joven, gastrónomo de profesión, decidió convertirse en barbero, pues gana más en ese oficio. Además él es su propio jefe.

Similar opinión ofreció otro integrante de este grupo con su bata blanca y máquina de pelar en mano, al expresar: “ser licenciado en Química y convertirme en barbero no fue difícil para mí”. Esta es un oficio que requiere conocimientos básicos de la especialidad, un poco de talento manual y mucha práctica.

Pagan al estado un total de 502 pesos (CUP) que se desglosan en: 220 para el permiso de trabajo, 175 por el uso del local, 20 a la Oficina Nacional de Administración Tributaria y 87 pesos por la Seguridad Social.

Los siete trabajadores por cuenta propia que laboran en esta barbería se sienten satisfechos con lo que ganan, sobre todo, porque depende en gran medida de su propio esfuerzo, sienten que pueden mantenerse a sí mismos y a su familia y abrirse un futuro de prosperidad. Un buen negocio, concluyen.

 

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