Clamor por un papel protagónico

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Mujeres cuentapropistas

El empoderamiento de las mujeres, un tema que ha cobrado gran vigencia en todo el mundo, ha dejado su impacto también en el sector privado cubano. Aunque en un principio era mucho menor la cantidad de féminas registradas como cuentapropistas con respecto al número de hombres, esas cifras han ido variando paulatinamente con el desarrollo de ese sector en el país caribeño.

A partir del año 2010, luego de que el gobierno de Cuba decidiera ampliar las actividades autorizadas para trabajar por cuenta propia, muchas mujeres decidieron optar por ese tipo de modalidad.

De todas formas aún falta mucho por hacer, pues si bien es visible el aumento de la presencia femenina en negocios privado, aún no alcanzan 40% de los empleados en ese sector de la economía cubana. Además muchas de las que se han incorporado fungen como contratadas y no como titulares ni propietarias, por lo que son mujeres que trabajan para un negocio privado y no es su negocio privado.

Recientes investigaciones del Centro de Estudios de la Economía Cubana señalan entre las principales razones por las que las mujeres quieren abrir un negocio propio sobresalen la necesidad de crecimiento económico y personal, búsqueda de seguridad para el futuro y perspectivas de dejar el negocio a los hijos.

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Mujeres emprendedoras

Entre las ventajas que ven las emprendedoras de la isla de tener un negocio privado se encuentra el hecho de poder contar con la posibilidad de gestionar su economía, ser sus propias jefas y organizar sus horarios de trabajo y de vida, atributos que la convierten en mujeres más independientes.

Helena González, propietaria de un salón de belleza expresó: “Lo que más me gusta de tener mi propio negocio es que no tengo que rendir cuentas sobre las decisiones que tomo. Además me da los ingresos suficientes para mantener a mí y a mi hijo. Yo me siento muy contenta con mi colectivo, porque como todas somos mujeres nos sentimos muy a gusto, como una gran familia.”

Como en muchas naciones, a las mujeres se les dificultan sus proyectos por la doble carga de trabajo que tienen, pues luego de las obligaciones laborales deben ocuparse de las domésticas, producto de una sociedad machista que las ha asumido como las destinadas para dedicarse a ese tipo de tareas.

Adriana Ochoa, quien labora como dependienta en un cafetería por cuenta propia considera que lo más difícil de hacer ese tipo de trabajo es tener que llegar a la casa después de 8 horas de pie y realizar los trabajos domésticos.

La expansión de las féminas en el sector privado es una realidad, pero solo será posible con la colaboración de toda la familia. Es un criterio generalizado de las mujeres cubanas cuentapropistas que claman por tener un papel protagónico en los nuevos espacios diseñados a raíz de la política de cambios en el sector no estatal de país.

Por María Carla Alvarez

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