Almendrones en la punta del kolimador.

Almendrones

Por Richard Adnisel

Las restricciones energéticas anunciadas a principio de mes por el gobierno, descolocaron en muchos aspectos la rutina social y laboral de los cubanos, en particular en aquellas actividades dependientes del petróleo.

Por ese motivo fueron reducidas jornadas laborales en empresas y unidades de servicio, cerrados algunos centros laborales no esenciales, como comedores obreros, oficinas de trámites y otros.

El transporte de taxis privados resultó uno de los primeros en reaccionar a estas medidas, con un aumento de las tarifas por tramos. La mayoría de los autos dedicados a estas funciones, conocidos como Almendrones, fueron construidos en las décadas de los años 40, 50 y 60 y hoy mantienen su vitalidad gracias al ingenio y pericia de los mecánicos locales.

En este escenario de restricciones económicas, la mayoría de los chóferes de taxis privados decidieron aumentar y en algunos casos duplicar el pago por sus servicios, lo cual provocó un generalizado malestar social. La justificación era que el precio del combustible se había disparado.

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Sin embargo, el incremento de las tarifas funcionó como bumerang para los chóferes, pues las autoridades obligaron mediante decreto a un tope en el pago del pasaje, de acuerdo al recorrido, y advirtieron que no permitirían violaciones a estas regulaciones. Al mismo tiempo confirmaron que el precio del combustible no había subido, por lo que resultaba totalmente improcedente el aumento del pasaje.

El hecho sirvió sobre todo para hacer público un asunto de sobra conocido. Los privados no compran el combustible en las gasolineras, sino en el mercado negro, que se abastece de las cuotas de las empresas y organismos del estado. De ahí que al reducirse la entrega de combustible a las entidades oficiales, los revendedores aumentaron el precio, y por carambola, los taxistas pretendieron hacer lo mismo.

Pero lo que ha quedado claro una vez más es la permanente crisis del transporte público en la isla. Se trata de un asunto que no encuentra solución y figura entre los más críticos señalados por los cubanos en las asambleas territoriales del Poder Popular y hasta en las sesiones del parlamento.

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Resulta nada despreciable el número de personas que se mueven en el país sentados en los Almendrones, en particular en La Habana, una atiborrada ciudad -capital que rebasa la cifra de los 2 millones de personas.

Las autoridades han ensayado fórmulas con vista a aliviar la tensión que genera usar un transporte para trasladarse en la ciudad y entre ciudades. Desde el proyectado y finalmente desestimado metro capitalino hasta los hoy abundantes bicitaxis. Lo cierto es que queda el asunto como asignatura pendiente.

Pese a las restricciones económicas, que pudieran aliviarse a partir de septiembre y acabarse a finales de año, los temidos apagones de otras épocas no se han hecho presentes. La población del país respira aliviada por ello, en medio de dos calurosos meses en los que existe receso escolar y la mayoría de la población toma vacaciones.

El resto de los negocios privados no parece haberse afectado por las medidas de ajuste económico. El turismo extranjero sigue en aumento, y por igual motivo las ganancias de los servicios vinculados a este sector.

Cuba y Negocios recorrió una veintena de restaurantes y casas que rentan habitaciones en La Habana y sus managers no sienten temor ante posibles pérdidas relacionadas con el paquete restrictivo implementado por el gobierno.

Así las cosas, los hechos indican que la actual vitalidad del cuentapropismo en la isla seguirá desarrollándose por los mismos cauces que venía tomando y que para muchos negocios particulares es una realidad aquello de al mal tiempo buena cara.

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